Aula segura & Aula democrática

Si hay algún consenso sobre el aporte que hizo a la sociedad el “movimiento de los Pingüinos” es que los jóvenes fueron capaces de poner en la agenda pública el tema de la calidad de la educación.

En ese momento ya se podía considerar terminado el periodo en que la cobertura de la educación básica y media era un logro por alcanzar, quedando, eso sí, la meta de una mayor cobertura en la educación terciaría, especialmente en la Técnico-profesional. Sin embargo, la mayoría de los expertos consideraba que estaban las bases para avanzar rápidamente en esa dirección, asunto en que los años posteriores les dio la razón.

A mediados de la década pasada solo los colegios particulares pagados más un puñado de liceos emblemáticos y uno que otro colegio perteneciente a algunas congregaciones religiosas tradicionales se preocupaban en serio de la calidad de la educación que entregaban a sus estudiantes. El resto, en la mayoría de los casos, se conformaban con entregar alguna instrucción mínima que les permitiera a sus egresados desempeñarse en la vida.

No sé si fue producto de azar o de cierta madurez social alcanzada, pero la realidad es que el año 2006 era el momento adecuado para dar el gran salto hacia la calidad de la educación en Chile. La sociedad estaba preparada, la democracia se había consolidado y las condiciones económicas lo permitirían.

Es así como los jóvenes se lanzaron a la calle con sus petitorios de una educación de calidad y fueron apoyados por grandes multitudes provenientes de diferentes miradas políticas. Fue un movimiento totalmente transversal que dio a la sociedad toda, grandes esperanzas sobre un futuro más prometedor porque cada familia sabe muy bien que el futuro de sus hijos se juega en la calidad de la educación que recibe.

Pero ¿Cuál es la situación de la educación 12 años despues?

Un fracaso total, y la patética polémica entre Aula Segura & Aula Democrática, lo demuestra.

En primer lugar, el nombre que cada bando ha puesto a sus posturas dice mucho sobre la realidad. La palabra “segura” no debe ser un bien a alcanzar, debe ser un desde, un mínimo garantizado para que se produzca un proceso enseñanza aprendizaje exitoso. No es una ley la que hace segura el aula, es la interrelación entre el profesor y sus estudiantes, es la forma del alma que debe haber en la escuela.

Es la escuela como comunidad educativa la que crea aulas y patios seguros y si se ha llegado al extremo de la violencia que hemos visto, significa que el fracaso es total. Y cuando se fracasa, la revisión de lo que se hiso y no se hiso va mucho más allá de una ley.

Por otro lado, plantear un Aula Democrática es, sin duda alguna, una chambonada total. En primer lugar, porque el aula no es una instancia democrática propiamente tal. El aula es una es un lugar comunitario de formación, que tiene una forma determinada de organización y dinámica, que es la que permite el éxito del proceso. El estudiante debe ser formado para la democracia, para la ciudadanía, pero creer que el aula debe regirse por los principios de la organización democrática es simplemente no saber el significado del concepto de educación. Además El hecho de necesitar una ley especial que reprima la extrema violencia en las escuelas es un signo inequívoco de que el sistema educativo ha fracasado al no haber sido capaz de evitar tales extremos por sus propios medios.

También, el hecho de que hay sectores que no estén dispuestos a entregarle al sistema educativo herramientas que le permitirían enfrentar estos problemas, porque temen un mal uso de ese poder, es un signo de que al menos esos sectores no confían en los rectores de los establecimientos educacionales públicos, lo que nos lleva una vez más a confirmar la tesis del fracaso de la educación de calidad. Se mire por donde se mire, tanto el Aula Segura como el Aula Democrática son muestras inequívocas del frustrado esfuerzo para mejorar la educación en Chile.

Durante los últimos doce años el debate se ha centrado en el financiamiento y en la forma societaria de los sostenedores,1 dejando relegado a segundo o tercer plano temas tan relevantes como, el currículum escolar, los liderazgos docentes, las competencias transversales necesarias para que un profesor logre guiar un proceso enseñanza aprendizaje de calidad, el liderazgo y empoderamiento de los directores y de la comunidad educativa como conductores del proceso educativo, la incorporación masiva de nuevas técnicas pedagógicas como el ABP o sistemas de tutoría que están dando buen resultado en otros países, la necesidad de ofrecer diferentes proyectos educativos a los jóvenes, la integración de la familia al proceso educativo formal y, para terminar, la formación ético ciudadana de los estudiantes, solo por mencionar algunos de los desafíos que representa avanzar hacia una educación de mayor calidad.

El nivel de ignorancia cívica de los jóvenes es impresionante. Casi no saben qué significa la democracia, cuales son sus principales características ni sus fortalezas y debilidades. La capacidad de pensamiento crítico se entiende como la agudeza de encontrar defectos en la sociedad y en los otros, olvidando por completo que lo más importante es partir buscando la verdad y desde ahí construir soluciones y no solo criticar. Para qué decir la formación en virtudes y valores. Cuando las hay suelen ser impuestas a base de castigos y cuando no las hay, se justifican en nombre de la libertad individual. Ambos casos es no entender nada de nada. La mayoría de los jóvenes, cuando llegan a la educación superior y muchas veces cuando salen de ella, no saben definir lo que es un valor o una virtud, menos aun un principio ético. No saben el significado de ser ciudadanos y repito, no saben realmente lo que es la democracia. Esto que señalo no es inspirado por mi imaginación, es mi experiencia concreta haciendo clases en la universidad y en los talleres que me ha tocado dirigir destinados a profesores de liceos y escuelas.

Si esta es la realidad, no es de extrañar que la calidad de la educación chilena haya mejorado muy poco o nada en los últimos doce años y no nos debemos extrañar tampoco que la discusión política actual sea entre Aula segura & Aula democrática.