Ponencia en el I congreso de Ética Aplicada. Santiago de Chile año 2015

Evaluación ética en el qué hacer profesional: el desafío de la normatividad y el desafío de la convergencia normativa.

Las instituciones de educación superior están en deuda con la enseñanza de la ética profesional, sobre esto hay un amplio consenso[1]. Ésta deuda no se produce, a mi juicio, solo por el escaso número de créditos que se le asignan a estas asignaturas, sino que, en muchos casos, por el enfoque curricular que dicha enseñanza tiene.

A qué me refiero con enfoque curricular: es común que los contenidos de las asignaturas de ética consistan en un recorrido por las diferentes corrientes, desde Aristóteles y su ética de las virtudes, hasta los autores de las filosofías normativas modernas, como las de Rawls o Habermas y sin olvidar, claro está, a Kant, ni a Nietzsche, ni a Mills y su utilitarismo, tan en boga actualmente.

Sin duda conocer todo aquello es importante y puede ayudar a los estudiantes a desarrollar un espíritu crítico, tan necesario en nuestros días. Sin embargo el aporte que estos conocimientos hacen o pueden hacer a la ética profesional es bastante limitado. Los dilemas éticos que enfrentan los profesionales son eminentemente prácticos: conflictos de intereses, equipos disgregados, liderazgos autoritarios, veracidad en la información, confidencialidad, RSE, etc. Cada profesión tiene su “lado crítico” respecto a la ética y el objetivo principal que debe tener su estudio, es que los futuros profesionales adquieran las competencias necesarias para resolver adecuadamente ese tipo de dilemas.

A lo señalado debemos agregar un problema que suele suceder y que no es menor: me refiero a  que la selección, por parte del profesor, de una corriente normativa y no de otras da una visión parcial, y en cierta medida arbitraria, de la realidad filosófica, asunto que lleva irremediablemente a conflictos éticos.

Es por todo esto que otras instituciones de educación superior han optado por otro enfoque: la casuística. Estos cursos tienen un marcado acento en el estudio y discusión de casos y poseen el mérito que los estudiantes reflexionan sobre las situaciones concretas que enfrentarán en su qué hacer profesional.

Sin embargo éstos enfoques adolecen de dos problemas que los podemos ejemplificar en dos preguntas, la primera: (1) ¿Cuál es el fundamento normativo mediante el cual se juzgan las acciones profesionales? Y la segunda: (2) ¿Existe convergencia normativa entre los ámbitos de la persona, de la sociedad, y de la profesión?

A donde apuntan estas dos preguntas: (1) cuando hablo de fundamento normativo me refiero a los criterios de discernimiento que se deben aplicar al calificar una acción como buena o mala o como mejor o peor.

Por ejemplo: es diferente sostener que es éticamente bueno que un abogado mantenga la confidencialidad de un cliente porque (a) así lo indica el código de ética de la profesión,  o (b) porque así será más confiable y por lo tanto tendrá más clientes, o (c) porque así se acostumbra a hacerlo. Aquí tenemos tres criterios normativos: el primero (a) una normatividad legalista[2], el segundo (b) una  normatividad utilitarista[3] y el tercero (c) una normatividad del tipo costumbrista o consensual.

Alguien me dirá: son tres buenas razones para mantener la confidencialidad: ¿qué problema hay en ello?

Pero la verdad es que sí hay un problema y consiste en que los criterios aludidos en que se anclan estos tres argumentos, no siempre coinciden al juzgar una acción, como sucede en el ejemplo mencionado.

Tomemos por ejemplo el caso de un médico que practica un aborto: (a) en Chile por lo menos hasta ahora es ilegal, por lo que si optamos por una normatividad legalista el aborto sería malo; (b) pero si optamos por un fundamento normativo utilitarista, claramente el aborto no sería una acción éticamente mala, al menos si consideramos aquellos casos en que el hijo le traería serios inconvenientes a la madre; y finalmente, (c) si optamos por algún criterio de tipo costumbrista o consensual,  la acción será buena o mala de acuerdo al lugar y al tiempo en que se realiza, asunto bastante cuestionable, al menos desde el punto de vista de una filosofía normativa con pretensiones de universalidad.

(2) En relación a la segunda pregunta el problema es la convergencia normativa entre los tres ámbitos del actuar humano: el de la persona, el de la sociedad y el de la profesión. Por ejemplo: desde el punto de vista de la ética profesional, la eficiencia es un valor importante.[4] Pero qué pasa si en un trabajo concreto un profesional es eficiente a costa del estrés del equipo de trabajo: ¿podemos considerar esa acción como bien hecha por el solo hecho de haber sido eficiente, sin considerar el daño personal en que incurrieron los miembros del equipo?

O el caso de un periodista que recibe una información obtenida mediante un robo informático y la pública por el “interés público” que aquella información tiene, pero olvida el “bien público”

Estos dos ejemplos muestran un conflicto entre la ética profesional y, en el primer caso una ética de la persona[5] y en el segundo, una ética social[6] o del bien común[7].

Ahora bien, ¿cómo podemos sortear el desafío de la normatividad y el desafío de la concurrencia normativa que hemos descrito?

Para lograrlo, debemos partir desde el principio.

Con la ética sucede algo que no sucede con los otros ámbitos del saber humano: aún sigue habiendo confusión en qué entendemos por ética y por tanto por ética profesional. Giuseppe Fioravanti describe pintorescamente esta situación: “en el mundo actual, dice las  diferentes ideas sobre la ética pueden compararse con un río que atraviesa una zona densamente poblada y que acrecienta  su caudal con afluentes de agua limpia – poca – y de una serie de descargas de todo tipo – muchas – que finalmente la saturan completamente”.[8] Y Emilio Martínez, en su libro Ética Profesional de los Profesores escribe: “Aparentemente todo el mundo entiende qué es la ética (…) Sin embargo la experiencia cotidiana muestra que son muchos los malentendidos provocados por confundir lo ético con lo religioso o con lo jurídico o con los usos sociales tradicionales que están vigentes en el lugar y época determinados.”[9]

Por otro lado, si ponemos la palabra “Ética” en el buscador de imágenes de Google aparecerán una serie de dibujos que muestran a una persona que se ve “acorralada” entre un angelito bueno y otro malo. Imaginamos que cada uno estará dándole “consejos”. Sin embargo, y como ustedes sin duda lo saben, la Ética es bastante diferente a esas imágenes, además de ser notablemente más compleja.

Si recurrimos a los diccionarios en busca de una definición, nos encontraremos con resultados como los siguientes:

-- Ciencia que ordena, usando la razón, los actos humanos libres en cuanto se encaminan a su fin último, que es la felicidad.[10]

-- Ciencia que refiere al acto perfecto en cuanto conviene al hombre como hombre y en cuanto lo conduce a realizar su fin último.[11]

-- Ciencia que estudia las acciones humanas en cuanto se relacionan con los fines que determinan su rectitud.[12]

Como fácilmente se ve, estas definiciones adolecen de un problema común: son bastante difíciles de comprender en todo su significado, sobre todo para aquellos que no están familiarizados con la filosofía, o sea para la mayoría de los profesionales[13].

Para sortear éste problema y plantear una definición que sea fácilmente comprendida, me parece perfectamente lícito tomar el concepto clásico de ética y, por así decirlo, ponerlo en palabras modernas. Es así que podemos definir ética como “la ciencia que estudia los actos libres de los hombres y que tiene como objetivo orientar hacia el logro de una vida más plena[14] y socialmente armónica”

Ahora bien, en éste contexto podemos definir moral, para diferenciarla del concepto de ética, como lo hace la profesora Adela Cortina cuando señala que es: “ese conjunto de principios, normas, y valores que cada generación trasmite a la siguiente en la confianza que se trata de un legado sobre el modo de comportarse para llevar una vida buena y justa”[15]. Y siguiendo la misma línea definimos Filosofía Moral como “el estudio de la moral desde las diferentes filosofías normativas”.

Volvamos a la definición de ética: ¿Qué entendemos por vida plena?

Todos los hombres deseamos desarrollar nuestra vocación, entendida en su sentido más amplio[16]: como profesional, como ciudadano, de familia, de trascendencia, entre muchas otras. Es la “eudaimonia” o plenitud[17] que se traduce en una vida con propósito que va más allá de la auto-gratificación. En ésta línea, Alejandro Llanos, en su libro La Vida Lograda, escribe: “la misión de la ética es ayudarme a descubrir cómo aprender a vivir de modo que mi existencia alcance la plenitud a la que está destinada.”

La autorrealización no es un estallido de alegría o la simple satisfacción de haber logrado un deseo en particular, sino que es esa plenitud que se conquista[18] o mejor dicho, aquella que se va conquistando poco a poco. Es el cumplimiento de un proyecto de vida maduro, con sentido, coherente y trascendente[19]. En pocas palabras: una vida más humana.

¿Qué entendemos por armonía social?:

La armonía social significa, entre otras cosas, paz social, bien común, justicia, solidaridad, equidad, fraternidad, acuerdos sociales, respeto por los otros, tolerancia, empatía, ciudadanía, etc. Al respecto, Humberto Maturana afirma, “La ética se constituye en la preocupación por las consecuencias que tienen las acciones de uno sobre otro, y adquiere su forma desde la legitimidad del otro como un ser con el cual uno configura un mundo social”[20] y en el libro “Proyecto de una Ética Mundial” Hans Küng escribe “la ética, que la modernidad consideró cada vez más como cosa privada, vuelve a convertirse, en la post modernidad -por el bien del hombre y la supervivencia de la humanidad-, en un asunto público de primer orden.[21]

Ahora bien, de la definición de ética descrita podemos deducir que ética profesional será: “el ámbito de la ética que estudia las acciones que los hombres realizan en el campo laboral y que tiene por finalidad orientarlas al logro de una vida más  plena y la armonía social”.

Habiendo definido claramente qué entendemos por ética y por tanto por ética profesional, avancemos un poco más.

En la actualidad hay un amplio consenso sobre la dignidad del ser humano, y muchas filosofías coinciden en esto. No me voy a detener en probar éste punto por falta de tiempo y por considerarlo poco controvertido a estas alturas de la civilización.

Ahora bien, en el contexto de la ética: ¿qué significa que todos los hombres posean dignidad? Si consideramos que el concepto dignidad significa “cualidad de digno[22]” y digno significa “que merece algo”[23] la pregunta que sigue es ¿qué merece el ser humano desde el punto de vista de la ética? y la respuesta se nos aparece en forma evidente: merece poder llevar una vida plena y merece vivir en una comunidad en que impere el bien común y la justicia social.

¿Qué podemos deducir de esto?

Que, desde el punto de vista de la ciencia ética, serán buenas todas aquellas acciones que están en conformidad a la dignidad del ser humano, o sea aquellas acciones que están dirigidas al logro de una vida más plena de todos y todas y hacia la armonía social, y serán malas todas aquellas acciones que vayan en sentido contrario a los fines señalados.

Esta mirada tiene, a mi juicio, efectos relevantes.

En primer lugar, al surgir desde la propia ética el criterio normativo, nos permite construir una ciencia ética sin teología y sin metafísica, pero claro está, nunca a espaldas de ellas[24]. Ya no serán las miradas filosóficas las que impongan a la ética la respuesta a la pregunta normativa[25] sino que será la propia ética la que buscara su propio camino de desarrollo para orientar las acciones de los hombres hacia los fines que se auto-asignó, al igual que lo hacen las otras ciencias.[26]

En segundo lugar, la dignidad del ser humano se constituye como criterio normativo de una ciencia ética moderna, tanto desde el punto de vista de la persona, como de la sociedad y clara está, del ejercicio profesional.

En tercer lugar, en el contexto de la ética profesional, debemos entender el trabajo, no solo como una actividad cuyo único fin es obtener bienes materiales para la vida, sino como una actividad con sentido, desplegada por la vocación y que hace crecer a la personas y a la sociedad.

En cuarto lugar se abre un espacio para una reflexión faliblilística pero sistemática de la ética, desde la propia ciencia ética. Kant señalaba: “pues las ciencias avanzan únicamente separándose, en cuanto cada una constituye primero un todo por sí[27]” Creo que la ética está suficientemente madura como para emprender el desafío de “constituirse un todo por sí”

En resumen:

(1) La ética profesional se juega en la capacidad para descubrir qué acciones profesionales[28] favorecen a la autorrealización propia y ajena y qué acciones del ámbito laboral colaboran con el bien común y en la construcción de una sociedad más justa,

(2) Cuando el criterio normativo es la dignidad del ser humano, entendida como el derecho a una vida más plena y a vivir en una sociedad más justa, se supera el problema de la normatividad que planteamos al comienzo de esta ponencia, porque ya no son las diferentes miradas filosófico-normativas las que, por así decirlo, imponen a la ética sus propias reglas, sino que es la propia ética, de acuerdo a sus propios fines, la que determina el criterio normativo, criterio, claro está, que no puede contradecir, y de hecho no lo hace, a la mirada filosófica que tiene el ser humano de sí mismo.

(3) El problema de la convergencia normativa queda también resuelto, ya que la ética de la persona, la ética social y la ética profesional, al tener un claro fundamento normativo común, deberán converger en la calificación ética de los actos humanos en general y de las acciones profesionales en particular.

 (4) Finalmente, cuando el criterio normativo nace de la propia ética, permite construir una ciencia ética robusta y en colaboración y dialogo con todas las otras ciencias, asunto de vital relevancia, especialmente en el campo profesional.

Permítanme una última reflexión relacionada con las instituciones y la institucionalidad. Si bien la ética es en esencia una ciencia que estudia el obrar humano no puede desentenderse de aquellas organizaciones en las que el hombre se desenvuelve, ni tampoco de la institucionalidad que determina el marco general de dicho actuar, por la sencilla razón que aquellas no son ni neutrales ni inocentes.

Las organizaciones, entendidas en el más amplio sentido de la palabra[29], deben ser materia de estudio ético ya que ellas influyen en el bienestar de las personas que están dentro de sus ámbitos de influencia. Los adultos pasamos una parte importante de nuestras vidas al amparo de las organizaciones en las cuales trabajamos, y es un hecho innegable que la cultura organizacional afecta, y en muchos casos determina, la calidad de vida de los que ahí laboran. Es por esto que se hace cada vez más urgente estudiar las esferas en las cuales se desenvuelve el trabajo profesional desde la perspectiva de la dignidad del hombre y comenzar un cambio cultural que lleve a las empresas a transformarse en organizaciones verdaderamente humanas y dejar de ser entes destinados solo a la producción de bienes y servicios. La ética profesional puede y debe colaborar en este cambio de paradigma.

 



[1] Esto no sucede solo en Chile ni solo en Ibero América, también es acontece en Europa. Basta leer las publicaciones españolas o francesas al respecto.

[2] El código de ética o la ley será lo que determina si una acción es buena o mala.

[3] El tener más clientes y por lo tanto ganar más dinero es provechoso desde el punto de vista de la utilidad.

[4] Aunque probablemente Aristóteles no hubiera considerado la eficiencia como un valor ético propiamente tal, la verdad es que actualmente la eficiencia, como también la eficacia, son valores que tienen indiscutiblemente una dimensión ética en el campo de la ética profesional.

Para mayor información sobre la evaluación ético profesional, ver: “Ética para Educadores, ¿Cuál es el lugar de la ética en el siglo XXI?”  Capítulo VII segunda parte: “Evaluar éticamente ¿es posible? Editorial Universitaria, (2015)

[5] No podemos considerar buena, desde el punto de vista de la persona, una acción que provoque estrés y ponga en peligro a la persona de contraer una enfermedad.

[6] Desde el punto de vista social no podemos considerar buena una acción en cuyo origen está en un delito como es el caso descrito.

[7] Entiendo por bien común a aquel conjunto de condiciones sociales que apoyan a todos los miembros de la comunidad en el desarrollo libre y pleno de su propia autorrealización.

[8] “Pedagogía y Educación Familiar” de Giuseppe Fioravanti.

[9] Ética profesional de los Profesores, Emilio Martínez Navarro, (2010).  DescléeDe Brouwer, SA Bilbao pág. 21.

[10] Definición citada en: Manual de Ética, Alejandro Vigo

[11] Definición citada en el: Manual de ética, de Alejandro Vigo

[12] Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

[13] Son definiciones que los profesionales sienten muy alejadas de su realidad.

[14] O autorrealización.

[15] Ética mínima, Adela Cortina. Pg. 29 (sexta edición 2000) Editorial Tecnos SA. Madrid.

[16] Podríamos hablar de “llevar a cabo” la identidad práctica, en el sentido que la entiende Christine Korsgaars, o sea la identidad de estudiante del estudiante, la de padre del padre, la de médico del médico, etc.

[17]  Eudaimonia: palabra usada por Aristóteles. Del griego  εὐδαιμονία que se puede traducir como: plenitud de ser.

 Plenitud: Πλήρωμα (pl'iroma): "cumplimiento" / Πληθώρα (pliz'ora, plithora) Significa algo como: "abundancia".

[18] El poeta griego Píndaro decía: “llega a ser lo que eres” y también exhortaba: “intenta ser el hombre que podrías ser si realizaras tu naturaleza esencial, tu destino”.  

[19] Nos referimos a una trascendencia antropológica, diferente a la trascendencia escatológica o religiosa. La primera, la podemos ejemplificar con la famosa frase, “todo hombre, antes de morir debe tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol”. En cambio la trascendencia escatológica o religiosa tiene que ver con la vida después de la muerte y la relación con Dios, asuntos que no corresponden a la Ciencia Ética.

[20] El sentido de lo humano. Humberto Maturana R. (2008) Ediciones Granica SA. Buenos Aires.

[21] Proyecto de una Ética Mundial, Hans Küng. (Séptima edición 2006) Editorial Trotta, Madrid. Este autor puso las negritas.

[24] La verdad es que ninguna ciencia se debe construir a espaldas de la filosofía y si se es creyente, tampoco de la teología.

[25] La respuesta a la pregunta normativa es el criterio de discernimiento que permite responder a la pregunta ¿Qué es bueno y qué es malo?

[26] Al igual que, por ejemplo, la medicina que, como ciencia, busca mantener los cuerpos y las mentes sanas de las personas y desde ese objetivo desarrolla su qué hacer profesional.

[27] Prólogo de la primera edición de “La religión dentro de los límites de la mera razón”

[28] Hoy en día, siguiendo la línea de los proyectos Alfa Tuning para América latina y para Europa, en muchas instituciones de educación superior se considera a la ética profesional como una competencia genérica y de empleabilidad.

[29] Nos referimos a las empresas, a las instituciones de educación, a los clubes deportivos, a las agrupaciones sociales, a las ONGs, a los partidos políticos, etc. o sea a todas las organizaciones intermedias de la sociedad.